miércoles, 30 de mayo de 2012

La simulación en la lucha por la vida


La observación de la naturaleza posibilita un análisis metódico, estructurado sobre una serie de premisas hipotéticas y comprobables.
Ahora bien, no es lo mismo enunciar un hecho que realizar un hecho. La consecuencia del análisis formal no es invariable de sus correspondencias metodológicas.
No es lo mismo extraer una premisa a partir de la observación de la naturaleza que primero tener la premisa y luego forzar a la naturaleza a caber en ella.
Esto, que parece una obviedad, es un error categorial frecuente. Partir de lo universal para analizar lo particular (y viceversa) no es tan unívoco como quisiéramos. El error del psicoanálisis, sin lugar a dudas, ha sido del orden performativo.

“La simulación en la lucha por la vida” es una obra de una lucidez desconcertante, toda vez que pensamos que ha sido escrito en torno a 1900. Las teorías e hipótesis que José Ingenieros plantea simulan ser más doctas de lo que en realidad son. No obstante, son eficientes. La paradoja del libro es revelar las trampas de la simulación, a través de un discurso que, a su vez, simula ser lo que no es. Pero no sería amable quejarse y toda crítica sería vana, porque las costuras están allí y el artificio es evidente y no por ello su alcance queda menoscabado. La gracia de este libro, por sobre todas las cosas, es que parece escrito en base a unas intuiciones que hoy día aún lucen convincentes. Digamos que todo el libro es una suerte de ensayo por explicar cosas que no pueden explicarse y se vale de un discurso estructurado sobre una forma y discurso cientificista, de tal manera que luce exactamente como tal, cuando en realidad no lo es. Las teorías planteadas son racionales, pero no científicas, por la sencilla razón de que parten de premisas abstractas e hipotéticas. Aunque la razón y lo científico puedan parecer lo mismo, son cosas diferentes. No hay que olvidarse del asunto.

No obstante, la tentativa del autor no es vana, ni hay una intención de estafa detrás. El que no advierta que este impulso es característico de las personalidades más geniales, es que no ha entendido nada. Buscarle una explicación a lo inexplicable por medio de un discurso científico es, básicamente, lo único que podemos hacer en esta vida si fuimos bendecidos con el uso de la razón. Las teorías científicas no son muy diferentes. Todo es una hipótesis que aceptamos como cierta hasta que se demuestra lo contrario. Todas las hipótesis no son más que mentiras hermosas y complejas que reemplazan verdades que han sido sustraídas de nuestra percepción gnoseológica.

“La simulación en la lucha por la vida” parte del análisis del fenómeno de mimetismo y homocromía en la vida animal para trasponer su acción e influencia en las sociedades humanas. Así, José Ingenieros es capaz de advertir e inventar toda una serie de categorías en las que es capaz de entender e incluir toda suerte de individuos patológicos y delictivos. Desde luego, el rigor científico de su empresa es, cuanto menos, discutible. Por no decir que es un disparate total. Repito que no deja de ser genial, aunque sea como producto de una mente absolutamente creativa.  
 
Sin lugar a dudas, lo más interesante es olvidar toda pretensión totalizadora y dejarse seducir por el interrogante transversal de lo cierto y lo falso. El alcance de la verdad y la mentira. No creo que sea posible erigir una verdad que sea funcional para todos, que pueda permanecer incólume para siempre. No obstante, podemos advertir que existe la verdad y existe la mentira y podemos pensar y volver a pensar la funcionalidad y alcance de ambas categorías. Una y mil veces.
Puede que no lleguemos a ninguna conclusión, pero seguramente no será en vano el esfuerzo.

Por otra parte, no es lo mismo mentir que imitar o simular. Mentir es decir lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa. Imitar es ejecutar una cosa a ejemplo o semejanza de otra y simular es representar las apariencias de una cosa fingiendo o imitando lo que no es. En la simulación, las apariencias exteriores de una cosa o acción, hacen confundirla con otra, sin que efectivamente le equivalga.

José Ingenieros parte del supuesto de que todos los individuos mienten y que no es posible dejar de hacerlo, toda vez que la sociedad misma se estructura sobre premisas repetidas e impuestas por la fuerza. Ningún individuo es enteramente libre, a menos que acepte vivir alienado. Vivir en sociedad implica simular. Fingir que nos importan cosas que tal vez no nos importarían. Obedecer los cánones y los usos y costumbres de la época. Esta acción puede no ser conciente. Esta acción es natural y no es perniciosa. Por el contrario, es la que permite ampliar el campo de batalla en la lucha por la vida. No obstante, hay individuos cuya tendencia a fingir se convierte en patológica. Se trataría de personas que toman conciencia de sus ficciones, cuya ambición es puramente egoísta y que se valen del engaño y la estafa para conseguir sus fines, que, en ningún caso, tienden al beneficio de la especie, sino de sí mismos.

Tal vez hay una suerte de error biológico en el egoísmo, analizado desde la perspectiva de la preservación de la especie.
Tal vez las diferencias entre animales y hombres son menos obvias de lo que creemos. Quizás la organización y el análisis del comportamiento de unos y otros tienen correspondencias y reciprocidades nada menospreciables.

Lo cierto es que el libro de José Ingenieros me parece, hoy, la obra de un visionario. Aunque todas sus teorías puedan ser discutibles, no puede decirse de ellas que se hayan oxidado ni que se hayan vencido. Al contrario, creo que se puede partir de sus mismas teorías, para llevar el discurso a terrenos aún más pantanosos, pero vigentes y terriblemente actuales, como en el caso de la semiótica. Después de todo, si la simulación es una cosa puesta en lugar de otra, que pretende reemplazarla u ocupar su lugar, por dios que la simulación se parece muchísimo a lo que entendemos por metáfora. Vamos, que lo que intento decir es que la simulación, en el lenguaje, se parece mucho a lo que entendemos por poesía.

Para pensar y volver a pensar.
José Ingenieros not dead. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Desobediencia Civil


El Estado no es el reino de la razón, sino de la fuerza; no es el reino del bien común, sino del interés parcial; no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder; no es la salida del estado de naturaleza, sino su continuación bajo otra forma. Antes al contrario, la salida del estado de naturaleza coincidirá con el fin del Estado. De aquí la tendencia a considerar todo Estado una dictadura y a calificar como relevante sólo el problema de quién gobierna (burguesía o proletariado) y no el cómo.

Karl Marx

Dice Asger Jorn respecto a Guy Debord que hay personas cuya originalidad es tan revulsiva que no solamente superan su época, sino que no pueden tener otro destino que la supresión futura. Hay personas que tienen un punto de vista tan radical y unas maneras tan transgresoras de concebir el mundo que, para poder mantener cierta coherencia histórica, el resto de la sociedad decide hacer de cuenta que nunca han existido. Para ello, tiene dos posibilidades: la consagración a través del reconocimiento frívolo o la ignorancia plena y directa.
En mi opinión, la observación de Asger Jorn, en lo que respecta a Guy Debord, es acertadísima. Guy Debord es un personaje tan pero tan radical que, si le diéramos la importancia y reconociéramos el valor que verdaderamente tiene su obra, deberíamos resignificar toda la historia del arte y las vanguardias, pero como no nos comportamos así como especie, asociamos su nombre a ciertas ideas sobre la sociedad del espectáculo y lo dejamos todo ahí, a medias tintas, sin preguntar demasiado, no vaya a ser cosa que, finalmente nos fatiguemos.

Por lo demás, este fenómeno de no ver sino lo que nos obligan culturalmente a ver, desafortunadamente no es extraño. Sucede con más frecuencia de lo que podríamos pensar. Ojalá solo Guy Debord fuera víctima de este error de síntesis al que llamamos cultura, pero lamentablemente es un error mucho más extendido. Hay muchísimos autores y libros cuya obra no ha sobrevivido o ha sobrevivido banalizada y trivializada por las Universidades, las cuales, a su vez, son capitaneadas en gran parte por gente frívola y mediocre. En fin, que si uno volviera seriamente sobre determinados autores y libros, se daría cuenta de qué azarosa y estúpida puede llegar a ser la conformación de nuestra cultura.

Básicamente, lo que estoy tratando de decir es que hay ciertos autores que se dieron cuenta hace rato ya que la sociedad y la manera en la que organizamos y entendemos la vida es apenas una variable de un universo de variables y han propuesto otras alternativas y han demostrado ciertas falencias de un sistema que, pese a todo, aún resiste.

En cuanto a Henry Thoreau, se trata de un personaje de una lucidez e inteligencia notables.
Su carácter es inevitablemente irreverente y resulta polémico por disconforme y, aunque sea capaz de hacer un llamamiento a la violencia, no está a favor de la violencia. Su ideología tiende al pacifismo. Según su punto de vista, la contraofensiva militar no debe entenderse como un acto violento, sino como un acto humanista e idealista. No está a favor de la violencia gratuita, pero sí a favor de la violencia contraofensiva, toda vez que sea ejercida sin fanatismo.

Todos los actos y decisiones humanas, parecería indicarnos Thoreau, deberían ejecutarse luego de una reflexión profunda y sincera de competencia moral y ética que incluya el respeto por uno mismo y el respeto por los otros.

Por lo demás, el Estado le parece accesorio, innecesario y hasta perjudicial y se niega a contribuir con su causa.

“El mejor gobierno es el que no gobierna en lo absoluto.” 

“No pediré que se anule enseguida toda forma de gobierno, sino que se nos de enseguida un gobierno mejor. Que cada cual declare cuál sería el gobierno que miraría con respeto y, con eso, ya se habría dado un paso para obtenerlo.”

Vamos, que lo que Thoreau dice es que lo bueno y lo justo no necesariamente debe decidirse por votación.

‎"Cualquier hombre que tenga más razón que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno."

Por lo demás, le parece menos importante respetar la ley como respetar lo que cada cual piensa y entienda como justo.

‎"Todo hombre tiene derecho a negar obediencia y a resistir a un gobierno cuya tiranía e incapacidad sean excesivas e intolerables."

‎"La única obligación que tengo el derecho de asumir es la de hacer en toda ocasión aquello que creo justo"

‎"Me parece que debemos ser hombres primero y después súbditos. No es tan deseable cultivar el respeto por la ley, como por el derecho"

Y así podríamos seguir y seguir… largamente…

Los retractores dirán: No saques a Thoreau de contexto. Thoreau era crítico del Estado porque, en su época, todavía era legal la esclavitud.
Ok, diré yo, eso no quiere decir que su ideología haya quedado demodé.
Por lo demás, la esclavitud desafortunadamente aún existe, solo que lleva otros nombres.

lunes, 21 de mayo de 2012

Soldados de Salamina


El narrador de esta novela, que se llama Javier Cercas, oye hablar por primera vez de Sánchez Mazas en el año 1994. Por entonces, ya había desistido de su idea de convertirse en novelista y se había resignado a su trabajo como periodista en la sección de cultura del periódico. El nombre de Sánchez Mazas surge mientras entrevista al escritor Rafael Sánchez Ferlosio, con quien lo une un vínculo de sangre. Sánchez Mazas fue uno de los fundadores del grupo paramilitar fascista conocido como Falange, en España.

En torno a Sánchez Mazas orbita una anécdota que se ha vuelto mítica y que capta la atención de Javier Cercas. Sánchez Mazas fue prisionero de guerra y el día en que debía ser ejecutado, logro darse a la fuga, a través del bosque, un soldado lo encuentra pero le perdona la vida. Sobrevive gracias al azar, que le acerca la ayuda de un vecino piadoso y de un grupo reducido de soldados desertores, a los que bautiza con el nombre de “amigos del bosque”. 

En 1999, en el 60 aniversario de la Guerra Civil Española, el periódico le pide una nota ocasional sobre Antonio Machado. Javier Cercas aprovecha la instancia para colar al personaje de Sánchez Mazas. El artículo se publica con éxito. Recibe algunas cartas de lectores. Entre ellas, hay una en el que un tal Miquel Aguirre le comenta que es historiador y que lleva años estudiando los pormenores de la Guerra Civil y lo pone al tanto de que Sánchez Mazas no fue el único sobreviviente de aquél episodio, sino que también sobrevivió Pascual Aguilar y que, de hecho, alude al episodio en sus memorias. Libro difícil de hallar pero que pone a su disposición, si acaso le interesa.

Javier Cercas se encuentra con Miquel Aguirre. Durante el encuentro, Miquel Aguirre confiesa conocer a Jaume Figueras, el hijo de uno de los, así llamados, amigos del bosque. Javier Cercas, por intermedio de Miquel Aguirre, contacta con Jaume Figueras que le obsequia una libreta con anotaciones personales de puño y letra del mismo Sánchez Mazas. Absorbido por la historia, Javier Cercas entiende que debe relatar todos los hechos en un libro. Hasta ese momento, no se le había ocurrido que los testigos directos de los hechos pudieran estar vivos aún, pero lo están. Con la ayuda de Jaume Figueras, consigue entrevistarse con ellos. Se trata de Joaquim, tío de Jaume, Angelats y María Ferre (la vecina piadosa).

Entre otras cosas, Angelats recuerda que Sánchez Mazas insistía en escribir un libro que se llamaría Soldados de Salamina. Javier Cercas pide licencia en su trabajo y se dedica de lleno a investigar la historia de Sánchez Mazas. Así, se hace un recorrido panorámico de su persona, desde sus orígenes como poeta y licenciado en derecho, hasta llegar a líder ideológico del Falangismo. Desde su viaje a Roma como corresponsal de un periódico de derechas, hasta su casamiento con Liliana Ferlosio. Los falangistas deciden tomar el poder por las armas, pero la policía los detiene. Sánchez Mazas acaba preso.

En la confusión y el estallido de la revolución, Sánchez Mazas se refugia en la embajada de Chile, desde donde escribe su novela Rosa Kruger. La situación de los refugiados en las embajadas es crítica y decide huir. Acaba nuevamente tras las rejas. El día que tanto él como su grupo deben ser ejecutados, Sánchez Mazas consigue escapar a través del bosque. Un soldado anónimo le perdona la vida. Pide asilo y refugio en un rancho cercano. Los Nacionales están por hacerse del poder, solo es cuestión de tiempo. Necesita pasar desapercibido antes de que lo cojan los rojos.

En el bosque, conoce a desertores republicanos que, como él, aguardan que se resuelva la situación inmediata. Acuerdan protegerse unos a otros hasta que eso suceda. Saben que Sánchez Mazas es un personaje poderoso. Transcurre el tiempo y matan la soledad y el aislamiento como pueden. Al fin llegan los Nacionales. La gratitud de Sánchez Mazas es amplia y sincera. No obstante, nunca más vuelve a ver a los que fueron sus amigos. Su carrera política comienza en ascenso, pero se va malogrando mientras transcurre el tiempo. En 1940, lo destituyen de su cargo. Los rumores dicen que no consiguió entenderse con Franco. Poco a poco, entra en un cuadro depresivo. Por esas cosas inexplicables del destino, recibe una herencia inesperada y se convierte en millonario. Escribe varias novelas y no abandona su labor periodística, pero no consigue hacer carrera como escritor. Muere en 1966, solo y decadente.
 
Javier Cercas termina de escribir su libro, pero siente que todavía falta algo. Antes de deprimirse por su insatisfacción, decide regresar a su trabajo como periodista cultural. Le encargan una entrevista a Roberto Bolaño, escritor chileno radicado en España. Sorprendido, Javier Cercas descubre que Roberto Bolaño ha leído las novelas que alguna vez público Javier Cercas, en el pasado. Roberto Bolaño, incluso, las considera buenas. Quizás por este comienzo tan amigable, la conversación entre ellos excede los limites entre entrevistado y periodista. Así, en el discurrir de la conversación, Roberto Bolaño le habla sobre Miralles. Un personaje de lo más singular que ha conocido mientras fue vigilante nocturno en un camping vacacional.

Roberto Bolaño recuerda a Miralles signado por horribles cicatrices que abarcaban la mitad íntegra de su cuerpo. Una noche, Miralles le relato su historia de guerra. La coincidencia de datos hace suponer a Javier Cercas que Miralles bien puede ser el soldado que perdonó la vida de Sánchez Mazas. Guiado por un impulso irreprimible, hace todo lo que está en sus manos para contactar con Miralles, en el caso de que no haya muerto. Milagrosamente, lo encuentra en un asilo de ancianos. Miralles es todavía un personaje de lo más excéntrico. Javier Cerca lo convence de contar su historia y en el momento decisivo le pregunta sin preámbulos si es o no es el soldado que perdonó la vida de Sánchez Mazas, pero lo importante no es la respuesta sino que alguien sea capaz de recordarlo y eso es lo que el libro de Javier Cercas puede hacer. Inmortalizar a los protagonistas en una novela. 


viernes, 11 de mayo de 2012

El porno de las moscas


"La libertad artística absoluta es una pretensión adolescente. El arte, básicamente, es técnica y limitación."

(Javier Porta Fouz)

La mañana en la que comienza el relato, Tedio escucha una grabación de Nina Spater en su contestador, quien ha partido hacia Nueva York unas horas antes.
52 años después de ese día, los catedráticos X y Xdc, miembros de la prestigiosa universidad de Schnell, especulan sobre las dimensiones y alcance de aquél día en particular y de Tedio y su vida en general.
Tedio, como miembro de los, así llamados, Exiliados Atómicos, es potencialmente interesante en función de una posible investigación científica.
Los, así llamados, Exiliados Atómicos, se reúnen en el Bar Argot, donde dilucidan, reflexionan y estudian largamente sus propias teorías sobre la nueva carne y otras cuestiones afines de largo alcance. La posibilidad de realizar un seminario los mantiene ocupados. Las ambiciones de conocimiento acaso desbordan el marco profesional o académico y quizás no les importa. La voluntad de trascendencia bien puede atravesarlos.

El porno de las moscas intercala, sin un orden perceptible, capítulos dedicados a los Exiliados Atómicos y capítulos dedicados a los investigadores del futuro que estudian, precisamente, a los Exiliados Atómicos. En el medio, transcurren las teorías y especulaciones de unos y otros. Ora sobre la religión, la brujería y su alcance, ora sobre las conspiraciones posibles e imposibles del pasado remoto y del futuro hipotético.

Lo que nos queda a nosotros, los lectores, es un pastiche críptico que, como narración, resulta demasiado teórica y, como libro de teoría, demasiado narrativo.
Hay pasajes bellísimos. Es evidente que el autor escribe impecablemente. Hay teorías interesantes y constantes citas a un universo literario y cinéfilo en el que, personalmente, me siento muy a gusto. Pero mentiría si dijera que la pasé bien. La verdad es que el libro me aburrió bastante y creo que la mayoría de los lectores corren la misma suerte, aunque no podría asegurarlo. Es muy probable que el autor mismo haya buscado ese efecto. Supongo que al sustraer a conciencia ciertos arquetipos de narración, la dinámica de lectura no puede no volverse espesa. Acaso pantanosa.

A algunos les encanta este tipo de textos y narraciones y a otros, sencillamente, no. A algunos no les gusta porque no son capaces de entenderlas y a otros no les gusta porque, sencillamente, se aburren.
Todas las sensaciones que tenemos respecto a todas las cosas varían de un día a otro, según múltiples factores. Quizás mañana hay luna llena y cambio de opinión.

No sé ustedes, pero yo estoy en un período de mi vida en que todo lo pirotécnico y pomposo me aburre.
Todos los libelos vanguardistas panegíricos posmodernistas suelen hacer gala de una pomposidad abrumadora que me cansa.
Tengo la sensación de que la negación o rechazo a las formas clásicas de narración son menos transgresoras de lo que se cree.

No sé, yo echo de menos cierto manierismo del que supieron hacer gala los verdaderos innovadores. Me parece que no está mal disfrazar o disimular el genio en la apariencia clasicista.
No hay que olvidar que el lenguaje es el padre y no el hijo del pensamiento y que la poesía está en el mundo cotidiano.

Por lo demás, si uno va a ponerse a hablar sobre cuestiones religiosas o místicas, debería hacerlo de manera transparente y clara. Los que aspiran los efluvios sin beber las aguas y no obstante se embriagan, corren el riesgo de hacer el ridículo. 

domingo, 29 de abril de 2012

Philip Dick, instrucciones de uso


La noche es muy profunda,
más profunda
de lo que parece
al ser de día.

(Nietzsche)

La vida, en un aspecto general y amplio, es más profunda de lo que parece a simple vista y está llena de capas y de pliegues, en los que muchas veces solemos extraviarnos, confundiendo lo real con lo irreal, lo verdadero con lo falso, lo importante con lo accesorio.
En realidad, podríamos debatir durante horas sobre la apariencia y la esencia de las cosas, confirmando y refutando teorías existencialistas remanidas y de última hora. De momento, creo que alcanza con decir que es imposible reducir las cosas a un único sentido y significado.

Nada de lo que hacemos es inocente. Es imposible decir, pensar o hacer nada que no lleve implícita una visión y una opinión personal sobre el mundo y las cosas.
Mucha gente confunde cuál es el estatuto de un crítico literario y muchos piensan, erróneamente, que un crítico literario es alguien que puede tomar decisiones valorativas respecto de las obras sobre las que escribe. Pero no es así. Un crítico literario es alguien que analiza cómo funciona una obra en un contexto específico y determinado, poniéndola en relación con una serie de opiniones sobre el mundo que preceden sus opiniones y alcance. Acaso tomarse el atrevimiento de juzgar lo bueno y lo malo es un atrevimiento de discutible utilidad ejercido con la suficiente frecuencia como para generar lamentables malos entendidos que perduran y se naturalizan, como, por otra parte, sucede con tantos otros errores y atrevimientos extraordinarios.

Cito nuevamente a Roberto Bolaño, quien, en Los detectives salvajes, dice que a los muchachos pobres no les queda más remedio que la vanguardia. Una frase genial sobre la que podríamos decir y pensar largamente. Los héroes deRoberto Bolaño suelen utilizar la poesía como medio para vehiculizar ideas que, de otra manera, no tendrían ni sabrían cómo plasmar o manifestar.

Opiniones apartes, yo he sido pobre toda mi vida y tuve una educación paupérrima. Mi formación académica ha sido nula y he tenido que defenderme por mí mismo al respecto de las lecturas con las que me he ido enfrentando. De lo que se deduce que debería haber sido poeta o músico de rock, quién sabe. Pero quise escribir sobre lo que otros escribieron. He centrado mi atención hacia el análisis de las obras de los autores que me hechizaron.

Acaso guiado por la intuición, acaso por efecto tardío de las lecturas de los positivistas que fraguaron una singular manera de enfrentarme a los artistas y sus obras, he decantado por un método de análisis literario que está más cerca de la ciencia que del arte.

Soy conciente de que hice un libro deforme. Hecho la culpa de ello a mi formación autodidacta. Acaso mi destino era ser entomólogo y no crítico literario. Acaso aún estoy a tiempo de reivindicar mi carrera profesional y mi próximo libro merezca ser una tesis sobre lepidópteros, quién sabe.

Por de pronto, sigo y seguiré aplicando un método de análisis literario que a la mayoría le resulta chocante y aburrido y poco práctico e inútil. Quizás porque nos entusiasman las conjeturas y las especulaciones, más que los datos concretos y susceptibles de traslación simbólica.

Quizás se estén preguntando qué clase de pésimo vendedor soy, pues tal como estoy planteando el asunto, pareciera que estoy hablando más de los defectos de mi libro, que de sus virtudes. Si eso es lo que están pensando, mi respuesta es que soy un vendedor decididamente extraño. Asumo que mi libro es infumable, no voy a mentirles. Asumo que estila un rigor cientificista del que muchos prefieren huir o evitar y que muchos juzgan soporífero, inútil y aburrido.

En fin, les pido perdón a todos los que asumieron que un libro sobre un personaje asociado a locuras varias merecía ser un libro loco. Acaso tengan razón, pero no es lo que hice.
Tal como queda dicho en el prólogo, “Philip Dick, instrucciones de uso” es un catálogo exhaustivo, ordenado cronológicamente según fecha de publicación, en el que puede leerse un resumen argumental de cada una de las novelas del autor. Desde luego, ningún resumen argumental puede darnos nunca una idea fiel de lo que se siente leer una novela como tampoco ningún mapa puede sustituir la experiencia de conocer personalmente un lugar. Sin embargo todo catálogo, como todo mapa, pueden resultar de mucha ayuda. Sobre todo para investigaciones ulteriores que decanten por un análisis formal, agrego.

Ahora bien, todo esto que he expuesto hasta aquí refiere a una metodología de estudio y no a un objeto de estudio, que en este caso es la obra de Philip Dick, por quien estamos aquí reunidos. La amplitud y alcance y las conclusiones o debates que pueden extraerse de toda esta serie de opiniones e ideas que me tomé el atrevimiento de esbozar, podría llevarnos por derroteros que poco tienen que ver con la obra de Philip Dick en sí, por lo que antes de que me pierda, quiero decir que escribí el libro que escribí porque soy un científico frustrado y soy un científico frustrado porque fui demasiado perezoso como para ir a la universidad.

Por lo demás, todo lo que acabo de decir debe tomarse a broma. Otrosí, defiendo la idea de que las reseñas literarias son útiles y necesarias para que los libros que leemos no se pierdan en las brumas del tiempo y el comentario. Defiendo la hipótesis historicista que sostiene que la única manera de perpetuar un hecho en el tiempo es conservar o crear un documento que registre alguna huella que lo evidencie o revele. Luego, no creo que sea posible que recordemos nada de lo que alguna vez leímos si no guardamos o creamos algún registro de ello y no me parece que una opinión valorativa alcance. Entiendo que la manera en la que se narran los hechos en una novela son más interesantes que los sucesos que se narran. No obstante, me parece que es necesario consignar la existencia de esos hechos, mas no sea como nexos funcionales entre una idea y otra.

Queda pendiente preguntarse la utilidad de perpetuar la memoria, teniendo en cuenta la aparente irrelevancia histórica de la literatura, pero ese es otro tema, sobre el que Stanislaw Lem dice:
“Nadie lee nada. Los que leen no comprenden nada y los que comprenden, olvidan enseguida”.
Si se supone que la literatura nos hace mejores personas y si echamos un vistazo al estado del mundo actual, las palabras de Stanislaw Lem lucen dolorosamente ciertas.

Cinismos aparte, confieso que día tras día, tengo la sensación de que la literatura y el interés por la literatura es una cuestión cada vez mas inútil y gratuita. Sin embargo, los libros se siguen publicando y los escritores seguimos escribiendo. Quizás guiados por la inercia, quizás persiguiendo un fin cuya meta no adivino.

Pero volvamos al libro: Me resta decir que tuve la buena fortuna de recibir excelentes comentarios y opiniones, que me han llenado de entusiasmo y júbilo. Acaso el más perspicaz de los lectores que el libro ha tenido quiso ver un inmenso ejercicio de ironía enciclopédica. Según su opinión, el libro no habla sobre la obra de Philip Dick, sino que es una suerte de pequeños microrelatos o cuentos cortos de los que yo sería el único responsable.

Los escritores muchas veces sueñan con un lector ideal, lo que obviamente es una tontería. No hay lectores ideales para un libro. Cualquiera que compre el libro, se convierte automáticamente en un lector ideal.
Por lo demás, este lector que he mencionado es, también, uno de los pocos escritores argentinos que admiro y respeto. Este lector, digo, ha dado en una tecla interesante. Ha dado en la clave última que se esconde detrás de todo este inmenso rodeo. Quiero decir que la objetividad y la racionalidad, al ser llevadas al extremo, se vuelven paradójicas pues se convierten en la manifestación excéntrica de una voluntad subjetiva.

De cualquier manera, no estoy mencionando esto con la intención de postular lecturas aleatorias para mi libro. No estoy proponiendo que sea leído como una novela episódica ni como un libro de pequeños cuentos o pequeños relatos. En realidad, no pretendo que lean mi libro de ninguna manera particular o precisa. No hay instrucciones de uso para un libro que ya contiene, en sí, otras instrucciones de uso. Simplemente menciono todo esto como al pasar.

Lo único que realmente puedo esperar es que los que se decidan a comprar el libro, lo pasen bien leyéndolo. Si es que algo del proceso de concepción de una obra se traslada al producto final, les confieso que yo la pasé muy bien escribiéndolo. Fue toda una aventura ir conociendo a otros fanáticos y lectores acérrimos con quienes compartí la alegría de ir descubriendo sus obras. También creo que mi libro puede ser atractivo porque, tal como advierte Juan Terranova en la contratapa, no hay que olvidarse que detrás está Philip Dick.

Pienso que las buenas obras tienen la capacidad de resistir cualquier interpretación, por más mediocre que esta pueda ser. No importa qué tan mala sea la compañía teatral, si ella representa a Shakespeare, y se atiene al texto original, es probable que sobrevivan algunos momentos bellos y el mérito, obviamente no será de los actores, sino deShakespeare.

Lo que quiero decir es que quizás mi libro no es el mejor libro posible que haya abordado una descripción precisa de tramas y personajes de cada una de las novelas de Philip Dick, pero tengo para mí que, hasta la fecha, es el único que lo ha intentado y si acaso mi interpretación es pobre, pueden confiar en que la obra de Philip Dick es lo suficientemente poderosa como para imponerse. Ustedes mismos pueden corroborarlo, abriendo el libro en cualquier página y leyendo cualquier párrafo al azar. Toda la obra de Philip Dick desborda de ideas novedosas y cautivantes.

Y si están pensando que ya que el autor es tan bueno, bien pueden leerlo por ustedes mismos, obviando cualquier otra consideración, les respondería que es una decisión inteligente, pero poco práctica. Pues es casi imposible leer todas sus novelas: porque no se consiguen y porque se sabe que el tiempo, como el dinero, tiene un alcance limitado. 

Hablando en serio, creo sinceramente que Philip Dick es un caso único en toda la historia de la literatura y no estoy diciendo nada que no haya sido dicho y pensado por otros. Insisto, no afirmo que Philip Dick es el mejor escritor ni nada por el estilo, queda dicho que no confío en categorías valorativas. Lo que estoy diciendo es que es un caso totalmente atípico. Un fenómeno único que no ha vuelto a repetirse nunca y que posiblemente no vuelva a repetirse jamás.

Lo que es tan atípico y extraño con su obra se relaciona, en parte, con diversas cuestiones formales específicas, pero sobre todo con cuestiones ideológicas, de largo alcance.
Se trata, ciertamente, de un autor que ha sufrido una suerte de lo más extraña en su carrera profesional. Mientras estuvo vivo, jamás pudo gozar del reconocimiento o aceptación de sus pares. Nunca ha sido considerado un escritor de la importancia de Ray Bradbury o Isaac Asimov, solo por citar obvios ejemplos. No obstante, ha sabido plantear ideas y conceptos que han servido de influencia a varias generaciones sucesivas y esta influencia no es, ni siquiera, privativa o exclusiva de los cultores de la ciencia ficción, sino que se hace extensiva a límites insospechados.

Philip Dick ha sabido quedar fuera de la bibliografía obligatoria de casi todas las universidades del mundo, quienes lo han ignorado olímpicamente. Casi no aparece mencionado en los manuales y ensayos literarios y ha sabido quedar fuera del canon literario de la historia de la literatura. No obstante, ha influenciado de manera decisiva a todos los escritores que intentaron un abordaje a temas como la realidad virtual, los androides inteligentes, la empatía entre hombres y máquinas, los universos múltiples o las modificaciones en la percepción humana generadas por deterioro o manipulación neurológica. Es más, casi nadie puede hablar de esos tópicos, sin reconocer o robar de plano a Philip Dick. ¿Quieren algunos ejemplos? “Matrix” es Philip Dick. “La ciencia del sueño”, “Quieres ser John Malkovich”, “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” y casi todo Spike Jonze y Michel Gondry, acusan la influencia de Philip Dick. Ni hablar de la película “El origen” (y de casi todo Nolan). “El show de Truman” también es Philip Dick. Y así podríamos estar durante mucho, mucho tiempo y eso que apenas estamos hablando de la influencia en el cine, ni hablar en la literatura, ni hablar en los videos juegos.

Perdón que insista con Roberto Bolaño, pero es otro de los autores que me obsesionan que, a su vez, estaba obsesionado con Philip Dick. Digo, que Roberto Bolaño dice que Philip Dick es el autor más plagiado del siglo XX. Fíjense ustedes.
Yo no me animo a hablar de plagio, pero estoy totalmente convencido de que Philip Dick fue un precursor absoluto y que su obra no solo no ha perdido vigencia, sino que todavía esconde un universo riquísimo por descubrir.

Freud decía que ni él mismo entendía el inconciente, pero que su destino fue abrir esa puerta. El efecto de su descubrimiento, todavía alimenta interminables debates e hipótesis que perduran hasta el día de hoy y contando.

Para finalizar y antes de ponerme místico, querría decir que estoy completamente convencido que hay ciertas intuiciones o revelaciones a las que a veces acceden algunos artistas y pensadores en determinadas circunstancias y sin motivo aparente, que luego se descubren o entienden fundamentales para la evolución de la especie. El temor instintivo hacia lo desconocido suele justificar la resistencia al cambio posible, pero las ideas encuentran su propia manera de instalarse, desarrollarse y crecer, aunque lleve años y aunque el mérito y los aplausos se pierdan en el camino. A fin de cuentas, eso es pura vanidad. Philip Dick lo sabía, como lo supieron tantos grandes hombres que fueron verdaderos genios, que sólo fueron reconocidos como tales tardíamente, si es que fueron reconocidos alguna vez.

No estoy diciendo nada que la ciencia no haya dicho antes. Se trata, nada más y nada menos, que de la vieja teoría Darwinista de la evolución de las especies. A saber: son las anomalías genéticas, cuando se descubren funcionales y beneficiosas para la supervivencia, las que, a la larga, terminan por generar los cambios hereditarios que la modifican.

Las ideas novedosas que resultan demasiado extravagantes solo pueden ser concebidas y pensadas por una mente diferente a la media de su época. Esas ideas, quizás, contienen el gen que habrá de introducir un cambio futuro.
El paso del tiempo (y las inminentes revoluciones tecnológicas) parecen dar cuenta de que Philip Dick era mucho más que un escritor de ciencia ficción creativo. Algunas de sus ideas e intuiciones han sido tan innovadoras que, incluso, se escapan al tiempo presente, quedando preservadas para el futuro.

No es un reconocimiento tardío y vano el que le debemos a Philip Dick, sino la sospecha de que es un autor profundo, más profundo de lo que parece al ser de día.

Muchas gracias.