La noche es muy profunda,
más profunda
de lo que parece
al ser de día.
(Nietzsche)
La vida, en un aspecto general y amplio, es más profunda de lo que parece a simple vista y está llena de capas y de pliegues, en los que muchas veces solemos extraviarnos, confundiendo lo real con lo irreal, lo verdadero con lo falso, lo importante con lo accesorio.
En realidad, podríamos debatir durante horas sobre la apariencia y la esencia de las cosas, confirmando y refutando teorías existencialistas remanidas y de última hora. De momento, creo que alcanza con decir que es imposible reducir las cosas a un único sentido y significado.
Nada de lo que hacemos es inocente. Es imposible decir, pensar o hacer nada que no lleve implícita una visión y una opinión personal sobre el mundo y las cosas.
Mucha gente confunde cuál es el estatuto de un crítico literario y muchos piensan, erróneamente, que un crítico literario es alguien que puede tomar decisiones valorativas respecto de las obras sobre las que escribe. Pero no es así. Un crítico literario es alguien que analiza cómo funciona una obra en un contexto específico y determinado, poniéndola en relación con una serie de opiniones sobre el mundo que preceden sus opiniones y alcance. Acaso tomarse el atrevimiento de juzgar lo bueno y lo malo es un atrevimiento de discutible utilidad ejercido con la suficiente frecuencia como para generar lamentables malos entendidos que perduran y se naturalizan, como, por otra parte, sucede con tantos otros errores y atrevimientos extraordinarios.
Cito nuevamente a Roberto Bolaño, quien, en Los detectives salvajes, dice que a los muchachos pobres no les queda más remedio que la vanguardia. Una frase genial sobre la que podríamos decir y pensar largamente. Los héroes deRoberto Bolaño suelen utilizar la poesía como medio para vehiculizar ideas que, de otra manera, no tendrían ni sabrían cómo plasmar o manifestar.
Opiniones apartes, yo he sido pobre toda mi vida y tuve una educación paupérrima. Mi formación académica ha sido nula y he tenido que defenderme por mí mismo al respecto de las lecturas con las que me he ido enfrentando. De lo que se deduce que debería haber sido poeta o músico de rock, quién sabe. Pero quise escribir sobre lo que otros escribieron. He centrado mi atención hacia el análisis de las obras de los autores que me hechizaron.
Acaso guiado por la intuición, acaso por efecto tardío de las lecturas de los positivistas que fraguaron una singular manera de enfrentarme a los artistas y sus obras, he decantado por un método de análisis literario que está más cerca de la ciencia que del arte.
Soy conciente de que hice un libro deforme. Hecho la culpa de ello a mi formación autodidacta. Acaso mi destino era ser entomólogo y no crítico literario. Acaso aún estoy a tiempo de reivindicar mi carrera profesional y mi próximo libro merezca ser una tesis sobre lepidópteros, quién sabe.
Por de pronto, sigo y seguiré aplicando un método de análisis literario que a la mayoría le resulta chocante y aburrido y poco práctico e inútil. Quizás porque nos entusiasman las conjeturas y las especulaciones, más que los datos concretos y susceptibles de traslación simbólica.
Quizás se estén preguntando qué clase de pésimo vendedor soy, pues tal como estoy planteando el asunto, pareciera que estoy hablando más de los defectos de mi libro, que de sus virtudes. Si eso es lo que están pensando, mi respuesta es que soy un vendedor decididamente extraño. Asumo que mi libro es infumable, no voy a mentirles. Asumo que estila un rigor cientificista del que muchos prefieren huir o evitar y que muchos juzgan soporífero, inútil y aburrido.
En fin, les pido perdón a todos los que asumieron que un libro sobre un personaje asociado a locuras varias merecía ser un libro loco. Acaso tengan razón, pero no es lo que hice.
Tal como queda dicho en el prólogo, “Philip Dick, instrucciones de uso” es un catálogo exhaustivo, ordenado cronológicamente según fecha de publicación, en el que puede leerse un resumen argumental de cada una de las novelas del autor. Desde luego, ningún resumen argumental puede darnos nunca una idea fiel de lo que se siente leer una novela como tampoco ningún mapa puede sustituir la experiencia de conocer personalmente un lugar. Sin embargo todo catálogo, como todo mapa, pueden resultar de mucha ayuda. Sobre todo para investigaciones ulteriores que decanten por un análisis formal, agrego.
Ahora bien, todo esto que he expuesto hasta aquí refiere a una metodología de estudio y no a un objeto de estudio, que en este caso es la obra de Philip Dick, por quien estamos aquí reunidos. La amplitud y alcance y las conclusiones o debates que pueden extraerse de toda esta serie de opiniones e ideas que me tomé el atrevimiento de esbozar, podría llevarnos por derroteros que poco tienen que ver con la obra de Philip Dick en sí, por lo que antes de que me pierda, quiero decir que escribí el libro que escribí porque soy un científico frustrado y soy un científico frustrado porque fui demasiado perezoso como para ir a la universidad.
Por lo demás, todo lo que acabo de decir debe tomarse a broma. Otrosí, defiendo la idea de que las reseñas literarias son útiles y necesarias para que los libros que leemos no se pierdan en las brumas del tiempo y el comentario. Defiendo la hipótesis historicista que sostiene que la única manera de perpetuar un hecho en el tiempo es conservar o crear un documento que registre alguna huella que lo evidencie o revele. Luego, no creo que sea posible que recordemos nada de lo que alguna vez leímos si no guardamos o creamos algún registro de ello y no me parece que una opinión valorativa alcance. Entiendo que la manera en la que se narran los hechos en una novela son más interesantes que los sucesos que se narran. No obstante, me parece que es necesario consignar la existencia de esos hechos, mas no sea como nexos funcionales entre una idea y otra.
Queda pendiente preguntarse la utilidad de perpetuar la memoria, teniendo en cuenta la aparente irrelevancia histórica de la literatura, pero ese es otro tema, sobre el que Stanislaw Lem dice:
“Nadie lee nada. Los que leen no comprenden nada y los que comprenden, olvidan enseguida”.
Si se supone que la literatura nos hace mejores personas y si echamos un vistazo al estado del mundo actual, las palabras de Stanislaw Lem lucen dolorosamente ciertas.
Cinismos aparte, confieso que día tras día, tengo la sensación de que la literatura y el interés por la literatura es una cuestión cada vez mas inútil y gratuita. Sin embargo, los libros se siguen publicando y los escritores seguimos escribiendo. Quizás guiados por la inercia, quizás persiguiendo un fin cuya meta no adivino.
Pero volvamos al libro: Me resta decir que tuve la buena fortuna de recibir excelentes comentarios y opiniones, que me han llenado de entusiasmo y júbilo. Acaso el más perspicaz de los lectores que el libro ha tenido quiso ver un inmenso ejercicio de ironía enciclopédica. Según su opinión, el libro no habla sobre la obra de Philip Dick, sino que es una suerte de pequeños microrelatos o cuentos cortos de los que yo sería el único responsable.
Los escritores muchas veces sueñan con un lector ideal, lo que obviamente es una tontería. No hay lectores ideales para un libro. Cualquiera que compre el libro, se convierte automáticamente en un lector ideal.
Por lo demás, este lector que he mencionado es, también, uno de los pocos escritores argentinos que admiro y respeto. Este lector, digo, ha dado en una tecla interesante. Ha dado en la clave última que se esconde detrás de todo este inmenso rodeo. Quiero decir que la objetividad y la racionalidad, al ser llevadas al extremo, se vuelven paradójicas pues se convierten en la manifestación excéntrica de una voluntad subjetiva.
De cualquier manera, no estoy mencionando esto con la intención de postular lecturas aleatorias para mi libro. No estoy proponiendo que sea leído como una novela episódica ni como un libro de pequeños cuentos o pequeños relatos. En realidad, no pretendo que lean mi libro de ninguna manera particular o precisa. No hay instrucciones de uso para un libro que ya contiene, en sí, otras instrucciones de uso. Simplemente menciono todo esto como al pasar.
Lo único que realmente puedo esperar es que los que se decidan a comprar el libro, lo pasen bien leyéndolo. Si es que algo del proceso de concepción de una obra se traslada al producto final, les confieso que yo la pasé muy bien escribiéndolo. Fue toda una aventura ir conociendo a otros fanáticos y lectores acérrimos con quienes compartí la alegría de ir descubriendo sus obras. También creo que mi libro puede ser atractivo porque, tal como advierte Juan Terranova en la contratapa, no hay que olvidarse que detrás está Philip Dick.
Pienso que las buenas obras tienen la capacidad de resistir cualquier interpretación, por más mediocre que esta pueda ser. No importa qué tan mala sea la compañía teatral, si ella representa a Shakespeare, y se atiene al texto original, es probable que sobrevivan algunos momentos bellos y el mérito, obviamente no será de los actores, sino deShakespeare.
Lo que quiero decir es que quizás mi libro no es el mejor libro posible que haya abordado una descripción precisa de tramas y personajes de cada una de las novelas de Philip Dick, pero tengo para mí que, hasta la fecha, es el único que lo ha intentado y si acaso mi interpretación es pobre, pueden confiar en que la obra de Philip Dick es lo suficientemente poderosa como para imponerse. Ustedes mismos pueden corroborarlo, abriendo el libro en cualquier página y leyendo cualquier párrafo al azar. Toda la obra de Philip Dick desborda de ideas novedosas y cautivantes.
Y si están pensando que ya que el autor es tan bueno, bien pueden leerlo por ustedes mismos, obviando cualquier otra consideración, les respondería que es una decisión inteligente, pero poco práctica. Pues es casi imposible leer todas sus novelas: porque no se consiguen y porque se sabe que el tiempo, como el dinero, tiene un alcance limitado.
Hablando en serio, creo sinceramente que Philip Dick es un caso único en toda la historia de la literatura y no estoy diciendo nada que no haya sido dicho y pensado por otros. Insisto, no afirmo que Philip Dick es el mejor escritor ni nada por el estilo, queda dicho que no confío en categorías valorativas. Lo que estoy diciendo es que es un caso totalmente atípico. Un fenómeno único que no ha vuelto a repetirse nunca y que posiblemente no vuelva a repetirse jamás.
Lo que es tan atípico y extraño con su obra se relaciona, en parte, con diversas cuestiones formales específicas, pero sobre todo con cuestiones ideológicas, de largo alcance.
Se trata, ciertamente, de un autor que ha sufrido una suerte de lo más extraña en su carrera profesional. Mientras estuvo vivo, jamás pudo gozar del reconocimiento o aceptación de sus pares. Nunca ha sido considerado un escritor de la importancia de Ray Bradbury o Isaac Asimov, solo por citar obvios ejemplos. No obstante, ha sabido plantear ideas y conceptos que han servido de influencia a varias generaciones sucesivas y esta influencia no es, ni siquiera, privativa o exclusiva de los cultores de la ciencia ficción, sino que se hace extensiva a límites insospechados.
Philip Dick ha sabido quedar fuera de la bibliografía obligatoria de casi todas las universidades del mundo, quienes lo han ignorado olímpicamente. Casi no aparece mencionado en los manuales y ensayos literarios y ha sabido quedar fuera del canon literario de la historia de la literatura. No obstante, ha influenciado de manera decisiva a todos los escritores que intentaron un abordaje a temas como la realidad virtual, los androides inteligentes, la empatía entre hombres y máquinas, los universos múltiples o las modificaciones en la percepción humana generadas por deterioro o manipulación neurológica. Es más, casi nadie puede hablar de esos tópicos, sin reconocer o robar de plano a Philip Dick. ¿Quieren algunos ejemplos? “Matrix” es Philip Dick. “La ciencia del sueño”, “Quieres ser John Malkovich”, “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” y casi todo Spike Jonze y Michel Gondry, acusan la influencia de Philip Dick. Ni hablar de la película “El origen” (y de casi todo Nolan). “El show de Truman” también es Philip Dick. Y así podríamos estar durante mucho, mucho tiempo y eso que apenas estamos hablando de la influencia en el cine, ni hablar en la literatura, ni hablar en los videos juegos.
Perdón que insista con Roberto Bolaño, pero es otro de los autores que me obsesionan que, a su vez, estaba obsesionado con Philip Dick. Digo, que Roberto Bolaño dice que Philip Dick es el autor más plagiado del siglo XX. Fíjense ustedes.
Yo no me animo a hablar de plagio, pero estoy totalmente convencido de que Philip Dick fue un precursor absoluto y que su obra no solo no ha perdido vigencia, sino que todavía esconde un universo riquísimo por descubrir.
Freud decía que ni él mismo entendía el inconciente, pero que su destino fue abrir esa puerta. El efecto de su descubrimiento, todavía alimenta interminables debates e hipótesis que perduran hasta el día de hoy y contando.
Para finalizar y antes de ponerme místico, querría decir que estoy completamente convencido que hay ciertas intuiciones o revelaciones a las que a veces acceden algunos artistas y pensadores en determinadas circunstancias y sin motivo aparente, que luego se descubren o entienden fundamentales para la evolución de la especie. El temor instintivo hacia lo desconocido suele justificar la resistencia al cambio posible, pero las ideas encuentran su propia manera de instalarse, desarrollarse y crecer, aunque lleve años y aunque el mérito y los aplausos se pierdan en el camino. A fin de cuentas, eso es pura vanidad. Philip Dick lo sabía, como lo supieron tantos grandes hombres que fueron verdaderos genios, que sólo fueron reconocidos como tales tardíamente, si es que fueron reconocidos alguna vez.
No estoy diciendo nada que la ciencia no haya dicho antes. Se trata, nada más y nada menos, que de la vieja teoría Darwinista de la evolución de las especies. A saber: son las anomalías genéticas, cuando se descubren funcionales y beneficiosas para la supervivencia, las que, a la larga, terminan por generar los cambios hereditarios que la modifican.
Las ideas novedosas que resultan demasiado extravagantes solo pueden ser concebidas y pensadas por una mente diferente a la media de su época. Esas ideas, quizás, contienen el gen que habrá de introducir un cambio futuro.
El paso del tiempo (y las inminentes revoluciones tecnológicas) parecen dar cuenta de que Philip Dick era mucho más que un escritor de ciencia ficción creativo. Algunas de sus ideas e intuiciones han sido tan innovadoras que, incluso, se escapan al tiempo presente, quedando preservadas para el futuro.
No es un reconocimiento tardío y vano el que le debemos a Philip Dick, sino la sospecha de que es un autor profundo, más profundo de lo que parece al ser de día.
Muchas gracias.